miércoles, 17 de abril de 2013

Cultura


Realmente, tenía una concepción hecha con respecto a la cultura venezolana antes de leer el libro, y puedo estar bastante satisfecha al saber que llegamos a muchos puntos en común, principalmente, que es que la cultura nacional, a pesar de tener muchos tropiezos por parte del financiamiento, como los libros, ha avanzado muchísimo en los últimos años; ejemplo claro de esto, es el ámbito musical.

Yo, como intento de melómana, puedo notar como el ámbito musical avanza de poco a poco. Se ve una explosión de talento no tan repentina, la cual ha sido apoyada por festivales auspiciados por entes no gubernamentales, como vendría siendo el Festival Nuevas Bandas celebrado en Caracas anualmente, del cual se han dado a conocer infinidad de bandas, como Viniloversus (ganadores en el 2006), La vida Bome (ganadores año 2007) y Okills (ganadores 2012). Aparentemente, de estos mismos impulsos, se ven otros que nacen cada día, como son Los Mesoneros, Rawayana,  Americania, Le Bronch entre otros.

Una característica bastante interesante es como las bandas venezolanas han avanzado igualmente, ya que no se quedan en melodías sencillas, tónicas comunes y letras vacías, sino que, cada día expanden más sus fronteras, como realiza La vida Bohème, al insertar el dance y Rawayana el reggae.

Por otro lado, el cine nacional se ha lucido con cantidad de producciones remarcables, como Piedra, Papel o Tijeras, Memorias de un Soldado, El Manzano Azul y, mi predilecta, Azul y no tan Rosa. Lo que puedo aplaudir y destacar con alegría es que por fin se han abierto las fronteras de nuestro cine, donde ya que anteriormente se utilizaba como forma para quejarse de la situación del país, era extremadamente violento, ahora se tiene un palmarés de películas las cuales pueden ser disfrutadas por toda la familia y que dejan muy buenos mensajes.

A pesar de todo esto, considero que aún le falta mucho por recorrer al cine venezolano, pero que puedo asegurar que poco a poco se van encaminando a una audiencia mayor.

Igualmente, en el espectro semi sensacionalista del espectáculo venezolano, se tiene el teatro, del cual yo misma he sido testigo de su esplendor. Obras como High, Piso 9 y Profundo, demuestran que la semilla del teatro va creciendo en nuestro país. 

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