Supongamos que ese es el presupuesto del que dispone el gobierno para hacerle frente a la demanda de divisas de la nación, de acuerdo con nuestra balanza de pagos, las importaciones del propio gobierno se llevaron nada menos que 34.298 millones (35%), solemos concentrarnos en las importaciones públicas de bienes y no en las de servicios. Pero desde hace ya algunos años estas últimas vienen creciendo de forma acelerada, hasta alcanzar en 2012 los 11.126 millones de dólares.
Las asignaciones a Cadivi se llevaron en 2012, 32% de ese presupuesto (31.145 millones de dólares), al menos en teoría, esas asignaciones deben haber ido a pagar por 72% de la cifra récord de 43.205 millones de dólares en importaciones privadas, de manera que, llegados aquí, hemos dispuesto del 67% del presupuesto público de divisas. El servicio de deuda pública se ha llevado un 8% adicional, lo que nos dejaría con 25% del total de presupuesto disponible, nada menos que 24.195 millones de dólares. Aun restando los 19.500 millones enviados a Fonden, el gobierno debería tener todavía unos 4.070 millones de dólares que podrían haber aumentado nuestras reservas. Siendo así, ¿por qué estamos sometidos a este racionamiento de divisas? La respuesta tiene diferentes aristas, después de todo, las cuentas no son tan nítidas como se han presentado aquí.
Sabemos que una cifra entre doscientos cincuenta y trescientos mil barriles diarios no se cobran. Otros más de seiscientos mil barriles están amparados bajo el paraguas del acuerdo con China, y aunque sí se cobran, son administrado extra presupuestariamente por Bandes. ¿Qué se está pagando con eso? Más aún, ¿qué se está pagando desde Fonden? Son más de 102.500 millones de dólares de Fonden y otros 37.500 millones de China acumulados en estos años de cuyo destino sabemos muy poco.
Y es que a pesar de nuestra "fructífera" economía, sufrimos de una crisis disfrazada que simplemente acaba cada día más con las empresas públicas y (más específicamente) privadas. Una noticia que se lamenta, que indigna, producto de esta realidad de país que se enfrenta en Venezuela, los estragos del chavismo, si no son las expropiaciones, son las mismas nuevas leyes laborales llevan a la quiebra a las empresas.
Y es que a pesar de nuestra "fructífera" economía, sufrimos de una crisis disfrazada que simplemente acaba cada día más con las empresas públicas y (más específicamente) privadas. Una noticia que se lamenta, que indigna, producto de esta realidad de país que se enfrenta en Venezuela, los estragos del chavismo, si no son las expropiaciones, son las mismas nuevas leyes laborales llevan a la quiebra a las empresas.